martes, 30 de julio de 2013

El "silencio" de Enrique Banchs

I- EL MITO Y EL SILENCIO

Al hablar de Enrique Banchs y su poesía se hace imposible evitar la mención y elaborar hipótesis sobre el temprano ‘silencio’ del autor de La urna. Un mito se ha construido – en realidad lo han construido algunos críticos y escritores de la talla de Borges – a partir de lo sugerente que resulta que un joven escritor de veintitrés años, que prometía ser uno (o el mayor) exponente de la poesía argentina – si ese título puede ser dado sin que resulte una injuria –, se llamara a un voluntario silencio, e incluso, no permitiera la reedición de su obra. El abandono de una mujer, la vivencia cercana de la muerte, el destino de su país o del mundo, son algunas de las historias tejidas alrededor de un supuesto espacio en blanco.

Hace aún más interesante para la especulación y la fantasía que el mismo poeta se mostrara reacio a responder sobre el tema ante el asedio de sus lectores, esperando éstos, tal vez, algún elemento biográfico que resolviera el enigma.

Pero lo que verdaderamente sorprende es que, en realidad, este ‘silencio’ adquiere otras dimensiones – mucho menos librescas – si se tiene en cuenta que el poeta, después de la edición de su último libro, como dijimos antes, La urna, de 1911, publicara en diarios y revistas alrededor de novecientos cuentos infantiles, y una serie de artículos y reflexiones, a los que se suma una abundante cantidad de poemas; presentados bajo diversos pseudónimos o simplemente en forma anónima.

Con esto último no queremos refutar la idea de que tal ‘silencio’ existió, como podría inferirse de lo dicho por María de los Ángeles Serrano, quien afirma: “esto no significa que haya abandonado totalmente la creación poética, o la actividad literaria en general, como parecen dar a entender algunos comentarios sobre su silencio, convertido en un enigma que ha suscitado numerosas y variadas conjeturas”. Sin ir más lejos, Serrano cree encontrar la solución del ‘silencio’ confirmando que escribió. Esta refutación es válida si consideramos que el ‘silencio’ es solamente un espacio biográfico en el cual el poeta no escribe. La explicación es tan débil como libresco el mito descrito antes.

El hecho de que Banchs haya seguido publicando ‘en silencio’ no hace más que explicar, si tenemos en cuenta la evolución de su poesía a lo largo de sus cuatro libros, que en él se produce un profundo cambio estético, y por consiguiente, un cambio en su relación con la poesía. Así, el ‘silencio’ es un espacio de significación, más que un ornamento biográfico.

Esto si se considera que en el caso de nuestro poeta lo literario y lo vital se expresan unidos; tal giro o diferencia puede observarse entre el aire cargado de decepción del último poema de La urna [U],

Todo esto es bueno y tiene misteriosa
gracia. Y alrededor todo es dulzura
y rebosa alegría cual rebosa
la penumbra pérgola frescura.

Como es su deber mágico dan flores
los árboles. El sol en los tejados
y en las ventanas brilla. Ruiseñores
quieren decir que están enamorados...

¡Dios mío, todo está como antes era!
Se va el invierno, viene primavera,
y todos son felices; y la vida

pasa en silencio, amada y bendecida;
nada dice que no, nada, jamás...
Pero yo sé que no la veré más.

con el colorido del poema de Las barcas [B]:

EL PRIMER VERSO

Yo recuerdo el primer verso
que escribí entre los trigales.
Susurraban las abejas
al rondar en los panales
y el sol fuerte del estío
descendía reciamente por escalas de cristales.

(...)

Yo recuerdo el primer verso.
Lo escribí pensando en Ella
y la dijo mi entusiasmo:
Luz del día, rosa, estrella,
virgen, ángel, ruiseñor...
Y tal era el primer verso que escribí en la tarde aquella.

Si recuerdo el primer verso
que un lejano mediodía
escribí entre los trigales,
se me llena el alma mía
de una estrella, de una rosa,
y de un ángel y una virgen que me trae luz del día.

Nuestra hipótesis será entonces que el ‘silencio’ de Enrique Banchs, más allá del mito (imposible de separar de su literatura), está señalado en la evolución de su poesía a través de sus cuatro primeros libros y en su posterior producción. En su obra se representan dos espacios distintos de creación y de vinculación con el lenguaje (o dos lenguajes poéticos diferentes): en el primer espacio, el poeta, desde su experiencia vital, convive con la palabra y encuentra en ella la manifestación y la concreción de un mundo (no en el poema sino en la Poesía); en el otro, encuentra desilusión ante la soledad del lenguaje, que sólo construye un mundo como sueño o fantasma: allí la poesía se anula por el estatismo ontológico del poema o se introduce en la fantasía del mundo infantil en el afán de recuperar un significado y un tiempo perdidos.


II- UNA APROXIMACIÓN AL SILENCIO

En relación con lo dicho, en el estudio que David Martínez le dedica, él comenta: “como pocos de sus contemporáneos - sin caer en el sentimentalismo - poseyó la exquisitez del sentimiento, la música de la confidencia y la soledad viril del corazón. Hubo aún más en su extraño destino de poeta: pudo haber sido el guía consular de nuestras letras, pero a esa actitud rectora opuso un temprano y voluntario silencio, una renuncia a seguir alentando con su voz el mensaje que parecía destinado a transmitir las ricas vivencias de un oficio lírico largamente esperado hasta ese entonces en nuestro medio.

“Su nombre es sinónimo de transparencia y sencillez, al mismo tiempo que de madurez poética. Mientras Lugones buscó en el vigor expresivo y en el brillo verbal los instrumentos adecuados para su temperamento múltiple, Banchs, partiendo de un acendrado lirismo - que fue su actitud rectora -, halló en su propio sentir los matices de una experiencia subjetiva, que sucesivamente ha ido decantando hasta lograr su esencialidad. Una obra breve, pero de intenso y rico contenido, bastóle para colmar tan alto designio estético. En este sentido, su afirmación fue clara al proclamar: ‘...escribo según el ritmo de mi sangre y según el momento de mi carne’ (...)

“(...) En cuanto al artista y al destino de su obra dignificada por el propio silencio que tempranamente eligió para ella - silencio que antes que renunciamiento equivalió a un ejemplo de heroicidad -; ambos, artista y obra, significaron con esa actitud una superación espiritual del ser.”

En el caso de Borges, quien mantuvo un particular interés por la poesía de Banchs (interés que se refleja en sus propios versos), él sugiere: “Tal vez, como a Georges Maurice de Guérin, la carrera literaria le parezca irreal, ‘esencialmente y en los halagos que uno le pide’.

“Tal vez no quiere fatigar el tiempo con su nombre y su fama.

“Tal vez - y ésta será la última solución que propongo al lector - su propia destreza le hace desdeñar la literatura como un juego demasiado fácil.

“Es grato imaginar a Enrique Banchs atravesando los días de Buenos Aires, viviendo una cambiante realidad que él sabría definir y que no define: hechicero feliz que ha renunciado al ejercicio de su magia.”(3)

Y le dedica su poema de Los conjurados:

ENRIQUE BANCHS

Un hombre gris. La equívoca fortuna
hizo que una mujer no lo quisiera;
esa es la historia de cualquiera
pero de cuantas hay bajo la luna
es la que duele más. Habrá pensado
en quitarse la vida. No sabía
que esa espada, esa hiel, esa agonía,
eran el talismán que le fue dado
para alcanzar la página que vive
más allá de la mano que escribe
y del alto cristal de catedrales.
Cumplida su labor, fue oscuramente
un hombre que se pierde entre la gente;
nos ha dejado cosas inmortales.(4)


III- LOS POEMAS: DEL ABSOLUTO AL SILENCIO

En relación con su obra poética, Martínez ha dicho: “Tan alta intensidad, acaso no era sino el aceleramiento de una combustión condicionada a un apagamiento muy próximo. Por eso, el destino de su verso fue breve, aunque de durable repercusión. Cantó el optimismo del despertar humano (Las barcas)[B]; celebró con alegría los símbolos que alienta el ser a su paso por este valle de sombras (El libro de los elogios)[E], hasta alcanzar el mediodía del espíritu. Desde esa cima, recreó la gracia de lo pretérito junto al arcano del presente (El cascabel del halcón)[C]. Y fue más lejos: trascendió su propia experiencia hasta colmar la posibilidad de un sentimiento mayor (La urna)[U]. En este anticipado mediodía que para el poeta se convirtió en noche, siguió alentando el sereno prodigio de la Belleza, que fue su auto de fe en la vida”.(5)

Como bien se dijo antes, su primer libro (publicado en 1907) representa el canto del optimismo humano. En el mismo se puede observar lo que Evaristo Carriego afirma: “Condición primera de Banchs es la de ser a la edad en que se comienza invariablemente por imitar, como quien dice, para hacerse la mano, un poeta esencialmente personal. Vana tarea sería buscar las fuentes de su poesía. Banchs no es de aquellos versificadores susceptibles de ser marcados con una etiqueta estereotipada. Concibe y siente y rima con vigor, pero ello sin menoscabo de la singular delicadeza con que toca todos los asuntos.”(6)


La visión de Banchs en su primer libro es la de quien mira el mundo con la más absoluta inocencia (“De su espíritu infantil, primitivo, es emanación su poesía.”(7)) , y se maravilla con lo que ve y lo exalta con la palabra en “equilibrio expresivo y comunión fraterna”:

EL LAGO

Está sereno como el alma mía.
Se diría que el lago tiene mi alma.
Un cisne cruza... Con augusta calma
pasa en mi alma una nueva fantasía.

El lago es una gran alegoría.
Es un gran gesto que las iras calma
y en una muchedumbre las ensalma...
Del lago saldrá alguna teogonía.

El Sol Padre, consuelo de leprosos,
sobre el agua durmiente
deshila muchos rizos luminosos
que tiemblan cuando pasa un ala de ave...

El Sol me dora la serena frente
tempranamente pensativa y grave.

Gesto del poeta el de manifestarse en un universal:

(...) Cuando la raza exalta la gloria de su emblema
los astros se detienen para oír el poema. (...)
(de “Las barcas” [B])

Y hacer un llamado de atención:

En este tiempo ingrato de los positivismos
faltan quijoterías y sobran feminismos.
Para tantos pecados ya no hay fuentes lustrales;
hay demasiada arena y escasos manantiales.
(de “Desaliento” [B])

Así, tanto en el poema transcripto como en los fragmentos, se puede observar la idealización que refleja toda la obra, idealización que se encuentra en el universo exterior: “el lago”, “el cisne”, “El Sol padre”, “los astros”, “manantiales”, en el universo del poeta (como humilde portador, sin mesianismo ni idealismos sociales, de la voz de los hombres) que se representa a través de su “ensueño” (la Poesía) en el símbolo de las barcas:

(...) Todo lo que es promesa mi flanco hinchado lleva...
¡Gloria al esfuerzo virgen! ¡Paso a la barca nueva! (...)
(de “Las barcas” [B])

Sus versos “traducían la riqueza de un temperamento múltiple, propenso - en muchos aspectos - a un tono evocativo y signado ya de una extraña, por lo precoz, experiencia vital capaz de trasuntar los temas más diversos y de más amplios significados líricos. Su intención realista, a ratos, no excluía el arranque veladamente elegíaco, la circunstancia descriptiva y un sutilísimo resabio de ascendencia romántica, trasvasado a los incentivos métricos y de lenguaje del más notorio cuño modernista imperante en su época.” (...) “se nota un ligero aunque ya decidido gusto por el simbolismo; modalidad ésta, donde tal vez mejor pueda ser ubicada la poesía madura y más significante de este poeta.” (...) “Su conflicto radica en un ansia de fe en la vida, por ‘sobre la encanecida corteza del mundo’; en el predominio de un ideal cuya legitimidad finca en la poesía, aunque tempranamente entregado a un fatalismo temperamental, del que no podrá liberarse sino por mediación del canto, ‘Bajo el asombro grave de la noche’, que parece cernirse desde su inicial aleteo lírico.”(8)

De la juvenil búsqueda, en lo íntimo y en lo pánico, surge la vibración que se expresa en la palabra evocativa, elegíaca, alegórica de sus primeros versos. Desde “Las barcas”, primer poema de la serie, hasta el último, “Evocación histórica” (“Mi espíritu no es nuevo.”) se aprecia la necesidad de crear un absoluto, en donde la palabra, sin estar sujeta al tiempo (como la Odisea o la Eneida, como él fuera comparado con Virgilio) instalara en el mundo lo transparente: la forma pura, la armonía.

Su segundo libro [E], editado en 1908, representa la confirmación de la estética planteada en el anterior: “Elogios. Es decir, alabanzas; celebración de la vida en fruición de cántico, de monólogo feliz a través de la palabra vuelta tersura de agua y fija intensidad de luz. El poeta está, se siente en el mundo, en el doble mundo que es suyo: el de su humanidad diaria y el que también diariamente sostiene y distiende la cuerda tersa de sus sentimientos. Por eso en los poemas de este libro, ambos mundos, el de la materia y el del espíritu, se unifican para cantar el optimismo del poeta puesto en el gozo de la celebración.”(9)

Así, se puede observar en su “Elogio de la simiente”:

La vida futura encerrada en el grano
es como una Odisea dentro de una sien.
¡El misterioso origen, el origen arcano
del trigo y de la encina que hogaño no se ven!

La simiente es como una palabra de profeta
sobre las multitudes. Es pequeña y es nimia...
La laboran las horas en redoma secreta
y el porvenir recoge generosa vendimia.

La simiente es la larva del laurel y del roble
que darán dulce sombra para nuestras cabezas,
el gesto que la siembre debe ser gesto noble
como caricia amada que siega las tristezas.

La casa de los pájaros sale de la simiente
y nadie sabe si ésta que mi pupila mira,
se tornará campánula al borde una fuente,
o remos de las barcas o combas de la lira.

Caminante que dejas la sombra en el camino,
si en él encuentras una simiente, no la huelles,
sumérgela en la Tierra, hija del Sol divino;
tal vez contenga el cetro de tus nietos, los reyes...

cómo el poeta encuentra en el interior de lo mínimo, de la semilla (y la palabra también como semilla), la materia para lo futuro: la esperanza llega a su máxima expresión.

En sus elogios, donde “se entrelazan memoraciones provenzales, griegas y agarenas.”(10), se combinan el “Elogio de los ojos asombrados”, “de la casa pobre”, “de la lluvia”, “de las manos maternales”, entre otros, llenos de humildad y simple sabiduría que recuerdan paisajes literarios virgilianos, a Garcilaso, a Horacio, a la “vida retirada”, en un ámbito de serena exaltación de la grandeza que contienen, con otros de carácter exultante y tono elevado como en el “Elogio de águilas bicéfalas” (que contempla ambas líneas):

El retoño latino que prende en el flanco de América pura
con la voz de argentinas trompetas saluda a las águilas dobles
cuyo vuelo en el cielo, tramado de hazañas, de Europa asegura
la victoria perenne arraigada en las testas hurañas y nobles. (...)

Asimismo, a esta expresión de lo pequeño y de lo grande asociados en lo fundamental y fundacional (“la semilla”) se vincula la forma de sus poemas, extensa y extendida: “Su estrofa obedece al sentido de una necesidad de expresión ilimitada, desbordante (...) la versificación se presenta en la forma más absolutamente irregular, y ella va desde los versos de tres sílabas hasta los de veinte y aún más.”(11)


En El Cascabel del Halcón [C] de 1909 ya se puede observar un cambio, que posteriormente se desencadenará en el silencio, allí hay “Dos universos opuestos, por instantes, pero que la emoción del poeta los reunifica (...) Por un lado la nítida y personal recreación de motivos inspirados en el ámbito medieval, y por otro, el inefable mundo que crea la propia sensibilidad del poeta.

“La primera parte del libro (cuarenta y tres poemas), encuentra sus temas más destacados en algunas reminiscencias de los romances fronterizos, el Cancionero, la poesía provenzal trovadoresca.

“Los denominados ‘romances viejos’, de amplia tradición en el romancero, le dictan muchos de los momentos felices de estas páginas (...) Valiéndose de giros y voces arcaicos, el poeta va descubriendo con finísimo arte, todo un mundo de consejas y evocaciones distantes, pero a través de una personalísima recreación.

“La segunda y última parte de la colección la integran cincuenta y cuatro composiciones. En ellas pueden juzgarse ya la presencia de un Banchs entero, despojado de reminiscencias y ahondando con poderoso carácter en uno de los temas capitales de la poesía: la muerte.”(12)

Más allá del acertado comentario, como es habitual, de David Martínez, es importante remarcar que el tema de la muerte se encuentra presente en todo el libro: ya a partir del primer poema, “La carola”[C], se encuentra presente:

(...) ¡Dios, qué fiesta tan hermosa!
A lo mejor de la fiesta
nuestra señora la Muerte
viene a meter su tristeza.

Tres dogos negros la avanzan,
- el Miedo, el Dolor, el Lloro -,
palpita un haz de gusanos
en el fondo de sus ojos.

- Caballero de Abril, dame la mano,
junto a mi flanco sé mi paladino;
¡oh, mi velado de ojos soñadores!,
¿no me darás tu mano de marido?

De la misma manera, en el siguiente:

Mujer, la adorada
que está en el solar,
tus mejillas suaves
ya no veré más. (...)
(de “Romance de cautivo”)

La presencia de la muerte y de lo negro (la pesadumbre, el escepticismo, la duda, el dolor, la melancolía, el desengaño, la ausencia, la incertidumbre, la fugacidad del tiempo, entre todos sus integrantes) se encuentra desde la primera palabra en este libro (intuida y aún no trabajada en la elaboración de una nueva estética) por lo que resulta sugerente la utilización del romancero y de poemas populares, los cuales están altamente cargados, como se dijo antes, de la muerte y de lo negro (que culmina siendo muerte).

Asimismo se observa una fuerte marca de lo dialógico (que hace recordar a Antonio Machado) a través del tiempo, y la armónica vacilación del poeta (en la conversación con el otro y consigo mismo) frente a su poesía:

(...) Y también hago el libro con mano temblorosa;
soy el rosal que echa la vida en una rosa.
Alguien tendrá algún día ese libro en su mano,
y si ella es de hombre que ha trabajado en vano,
que en vano ha perseguido su ideal, que ha tenido
en vano muchas lágrimas y que al fin se ha rendido
al destino... entonces puede ser que reviva
todo mi ser y cante como una lira viva
en otras carnes. Cante mi tristeza que pasa,
mi alegría que vuelve... y mi duda que queda.

Tú mismo, hombre que lees, no sientes la voz queda
que te está preguntando: ¿Tendrá los brazos fríos?
¿Ya cantarán los grillos en sus ojos vacíos?
(de “Libro” [C])

Y la vacilación o la duda, oscurecidas, llevan al poeta al reconocimiento de la muerte:

GOTA DE HERRUMBRE

El terror de la muerte
tenía un triste corazón opreso
como invencible túnica de Neso;
el terror de la muerte.

Dije a ese triste corazón: hermano
si nada esperas, ¿por qué tienes miedo?
¡Oh, triste corazón, podrido y vano!
si nada esperas, ¿por qué tienes miedo?

Ya en La urna [U] (1911), “Como distantes aún del sombrío suceso que progresivamente se renueva en sus páginas, surgen del soneto inicial (...) los diferentes momentos y situaciones que confirman el existir diario del ser:

Entra la aurora en el jardín; despierta
los cálices rosados (...)[(13)]

“En este punto como de fusión con el paisaje originario, demorado en el resplandor de una elísea mañana, el poeta inicia la postrera ascensión de su canto; su doble reafirmación de vida y soledad. Sin embargo, todo aparece sugerido, apenas insinuado a través de una remota lejanía por donde

(...) pasa el viento
y aviva en el hogar la llama muerta (...)[(14)]

“La puerta de la soledad se ha abierto para que ingrese el alma en silencioso cortejo, porque el mundo exterior acaso ya no existe; pero también se ha cerrado, lo mismo que esas finísimas corolas dobladas por el peso del primer rocío.”(15)


Sabiendo ya su futuro, se presiente el silencio. Enrique Banchs oscurece su palabra y la lleva a la máxima tensión:

Tornasolando el flanco a su sinuoso
paso va el tigre suave como un verso
y la ferocidad pule cual terso
topacio el ojo seco y vigoroso.

Y despereza el músculo alevoso
de los ijares, lánguido, perverso
y se recuesta lento en el disperso
otoño de las hojas. El reposo...

El reposo en la selva silenciosa.
La testa chata entre las garras finas
y el ojo fijo, impávido custodio.

Espía mientras bate con nerviosa
cola el haz de férulas vecinas,
en reprimido acecho... así es mi odio.

La quietud y la espera del cazador agazapado muestran a un Banchs contenido en armónica furia: su palabra ya no es el dulce verso evocatorio, ni la augusta calma del cisne en el lago: ¿qué sucedió con el jóven que contemplaba el más sencillo de los mundos con ojos extasiados?

Dice Ángel Mazzei: “La melancolía es el poder contenido y fuerte, es el elemento más personal de estos poemas que oscilan ente el dolor más de las cosas humanas, el sentido de la muerte, la fatigada inquietud de seguir viviendo. Ella, como todo sentimiento profundo, es su mejor garantía de perdurabilidad. Sobre los valores de su extraña arquitectura, la opulencia de sus imágenes, la variedad de su tomo, la auténtica dignidad de su dolor, que es, en su medida, todo el dolor humano, sin dejar, por eso, de ser suyo, confiere singular fortaleza, vitalidad permanente a este libro vivo, vario, múltiple y clásico”.(16)

Aquel poeta “entero”, absoluto, comienza a quebrarse y a hundirse en su propio yo: sus poemas manifiestan un profundo ensimismamiento, el mundo es rechazado, es pura ironía:

Cuando en la noche azul me quedo solo,
miro a mi lado para ver si estás...
La noche es dulce y triste y yo estoy solo,
la noche es silenciosa y nada más.

Entonces creo natural, ¡y tanto!
que tú estés a mi lado, aquí, a mi lado.

Algo tan natural supone un cambio en la relación entre poeta y poesía si se considera que en el caso de Banchs lo literario y lo vital se expresan unidos; tal giro o diferencia puede observarse entre el aire cargado de decepción del último poema de La urna [U], Todo esto es bueno y tiene misteriosa gracia. Y alrededor todo es dulzura y rebosa alegría cual rebosa la penumbra pérgola frescura. Como es su deber mágico dan flores los árboles. El sol en los tejados y en las ventanas brilla. Ruiseñores quieren decir que están enamorados... ¡Dios mío, todo está como antes era! Se va el invierno, viene primavera, y todos son felices; y la vida pasa en silencio, amada y bendecida; nada dice que no, nada, jamás... Pero yo sé que no la veré más.con el colorido del poema de Las barcas [B]:EL PRIMER VERSO Yo recuerdo el primer verso que escribí entre los trigales. Susurraban las abejas al rondar en los panales y el sol fuerte del estío descendía reciamente por escalas de cristales. (...) Yo recuerdo el primer verso. Lo escribí pensando en Ella y la dijo mi entusiasmo: “Luz del día, rosa, estrella, virgen, ángel, ruiseñor...” Y tal era el primer verso que escribí en la tarde aquella. Si recuerdo el primer verso que un lejano mediodía escribí entre los trigales, se me llena el alma mía de una estrella, de una rosa, y de un ángel y una virgen que me tran luz del día. 2.1. El ‘silencio’ de Enrique Banchs, más allá del mito (imposible de separar de su literatura), está señalado en la evolución de su poesía a través de sus cuatro primeros libros y en su posterior producción, ya que en la misma se representan dos espacios distintos de creación y de comunicación con el lenguaje (o dos lenguajes, o dos ideas con respecto al lenguaje): en el primer espacio, el poeta, desde su experiencia vital, convive con la palabra y encuentra en ella la manifestación y concreción de un mundo (no en el poema sino en la tectan efectivamente dos líneas de escritura, resulta gráfico comparar el siguiente poema:

De pie en la solitaria playa impuse
al mar violento mi actitud desnuda
como una estatua que a volar se apronta,
con el cuerpo en el golpe de los vientos
y la cruz de los brazos extendidos
cuya sombra se encorva en las oleadas;
en el silencio pánico y profundo,
frente a la pura soledad del mar:
¡inmóvil yo!, como ligera estatua
pronta a volar entre la mar y el cielo.(21)

con:

Bajó un pajarito rojo,
una chispa en cada ojo.
Pájaro rojo, tan verde,
que entre las hojas se pierde.
Un pajarito amarillo,
redondo como un ovillo;
y que parecía azul,
cuadrado como un baúl.
Este pájaro morado,
si no morado, dorado,
que era tan blanco, tan blanco,
coliblanco, pechiblanco,
todo de color café,
bajó, se voló y se fue. (22)


Como se puede observar la primera línea es decididamente una continuación de lo que se puede percibir en [U]: el ensimismamiento del poeta queda impreso por la búsqueda del extatismo (del tiempo, de la contemplación) y de la libertad (“una estatua que a volar se apronta”) en la más absoluta soledad.

De esta manera se representa un profundo “Escepticismo, desasimiento; desengaño, quizá de fincar en la palabra todo ideal de expresión”.(23)

¿Expresión de lo biográfico como lo quiso plasmar Borges? Lo cierto es que el poeta mantuvo prácticamente oculta su palabra, “La ofrenda”:

Quien la segur pesada, quien el huso ligero,
el nauta un remo roto, la red el cazador...
Cada cual ante el numen deja su compañero
de afanes y el testigo del pasado vigor.

Pues los mchos trabajos y el peso ya severo
de los años esperan que el divino favor
dará, como a serena noche, terso, el lucero,
a vejez apacible dorado resplandor.

Si así de mis fatigas quisiera signo y prenda,
sólo un haz de ramillas, de hojas secas, sería
y, en llama consumiéndose, dejaría la ofrenda

ante el de las pupilas de diamante Hermes sumo.
Sé que en ella dirían con grave alegoría:
de lo que quise, el fuego; de lo que hice, el humo.


Con respecto al compromiso que implica decisión tal, Eduardo González Lanuza dice: “El poeta auténtico, ni canta ni se calla. Ambas actitudes son del mismo modo comprometidas, aunque su voluntad queda al margen. Cuando en plena juventud se ha escrito La urna, todo lo que después se calle ya no carecerá de sentido, y no menor impertinencia que pedirle cuentas del por qué de la perfección de algunos de sus sonetos, sería salir a increparle exhortándole para que abandone un silencio no menos limpio ni bien medido”(24) ya que su ‘silencio’ “era un silencio de la palabra ganado por un puro proceso mental en el que el poeta creyó encontrar la intensidad del acto poético verdadero”(25).

La otra línea que se observa en la literatura de Banchs es la que se señaló dentro de la literatura infantil. Allí se pueden encontrar traducciones de fábulas, cuentos, canciones de diferentes países y épocas, por las cuales sintió un particular interés: “la canción es más ritmo que idea; por consiguiente, el secreto reside en gran parte en aprovechar la musicalidad de las palabras y en disponerlas felizmente para obtener efectos de contraste y engarce de sonidos. Más aún, una incoherencia ingenua de la idea hace más bella la canción. La repetición de una frase, el estribillo, la onomatopeya, las sílabas suaves articuladas armoniosamente, son otros tantos recursos.

“Y más vale que los motivos sean triviales. Es curioso considerar qué serie infinita de sensaciones suscitan las trivialidades (...) Por el contrario, los motivos formulados en conceptos profundos o filosóficos comprenden generalidades que un niño no puede precisar”.(26)

Las características de estas obras responden a los elementos comunes de la literatura infantil: el accidente y la tragedia, la presencia de la sombra o el lado débil de los personajes (la ambición, el egoísmo, la vanidad) quienes se reflejan en sí mismos o en la sombra (lo cual responde a los rasgos del modernismo y del simbolismo), produciéndose el ‘conflicto’ por el no entendimiento, por las diferencias entre códigos o naturalezas, por el enfrentamiento de ambiciones.

En general contemplan un humilde didactismo, el cual se encuentra asociado a la armonía, aunque el objetivo final de los cuentos no se detiene en este punto sino en el entretenimiento, la alegre diversión, la fantasía, el juego que otorga la música.


Con respecto a esto, Serrano dice: “la prosa de Banchs, empleada en ellas como medio de expresión casi exclusivo, no carente de matices poéticos, ha alcanzado la sencillez que se echaba de menos en algunos relatos juveniles, y que encuentra, por lo común, el tono adecuado para dirigirse a los niños, adaptándose a las distintas edades de sus lectores, desde los más pequeños hasta los que se acercan a la adolescencia o ya han entrado en ella. Un fino humorismo y una equilibrada actitud reflexiva y crítica ante la vida humana son presencias constantes, que asumen diferentes formas de acuerdo con el nivel de experiencia y comprensión de cada edad.”(27)

Para comprobarlo, se puede leer el breve cuento “Lluvia”:

Llueve... ¡Qué lindo!, dice el pato. ¡Qué susto!, dice el gato.
Llueve... ¡y las ranas que cantan! Llueve... ¡y las hojas que lloran!
Llueve... Las gotas saltan; los pajaritos están callados.
¡Adentro todos!, que está lloviendo.
Llueve... Ver a través de la ventana las tejas más rojas, los árboles más verdes, los coches más negros.
Llueve... ¡Qué lindo! - dijo Perico, como decía el pato -. ¡Que llueva siempre, que llueva, que las ranas canten!
Llovió un día y al otro día y al otro día del otro día.
Y a los tres días Perico dijo: Llueve... ¡Qué susto! - como decía el gato.
¿Nunca más habrá cielo azul?
¿Nunca más saldré de mi casa?
¡Salga el sol para que los pajaritos canten! ¡Canten los pajaritos para que salga el sol!(28)

A partir de lo dicho, es posible afirmar que existen dos líneas de escritura que dialogan: la elección de la literatura infantil se produce por su intrínseca unión con la poesía, con una poesía inocente, que observa el mundo con la ingenuidad del niño y se maravilla y asombra, siendo el canto producto de esta fascinación (la concordancia con la primera poesía de Banchs es visible). En tanto que dentro de la misma poética, como antes se dijo, se encuentra el desamparo, el ‘silencio’:

DOMUS VITAE

Ve esta morada nunca concluida
y como por un ciego construida;
ve su arquetipo en tu alma y en tu mente:
¡Qué lamentablemente diferente!
Mísera, oscura, en miedo de caída,
¿dónde para sagrario prevenida?,
¿dónde, ante cielo y mar, soñada ingente,
la columnar serenidad del frente?

No importa... Que lo grande a lo pequeño
confundido será; pronto borrado
en una misma luz o un mismo lodo.

¡Y quieres, sin embargo, último ensueño,
dejar en el umbral abandonado
un lirio, un lirio que redima todo!


V- ENRIQUE BANCHS POR ENRIQUE BANCHS

“‘...la presencia de la poesía sólo puede ser intuida. Es la intimidad de la realidad. No podemos distinguir sus facciones ni señalar los delicados límites en que esa presencia tenuemente se desvanece. En sus velos está la confidencia de su belleza. Se evade de todos los instrumentos lógicos que intentan conocerla y, precisamente, la acogemos para redimirnos del implacable determinismo de la lógica. Por eso las definiciones que de ella se dan se detienen lejos de su esencia. Son como los que escudriñan la fisiología de una lágrima y saben decir todo de una lágrima menos el dolor que la crea. Todas estas definiciones no se refieren a la poesía sino al arte poético, a las formas y flexiones de su figuración sensible. Pero la poesía misma es elemental e indivisible.”

“La poesía es indiferente a la grandeza de las obras materiales del hombre, a los accidentes históricos, a todas las instituciones y a todos los móviles sociales que arrastran los cotidianos afanes. Sólo los mira si tienen alguna vena de comunión con el drama íntimo del hombre; todo navegante de regreso a sus lares, quiere luego narrar, con la ingenuidad fabulatoria de quien ha visto las cosas por primera vez, los hallazgos maravillosos porque se han desprendido por entero del misterio en que yace todo lo que existe. El poeta no crea poesía sino forma de revelarla.”

“- ¿Considera usted que sus cuatro libros publicados son representativos de su vida, en los años en que fueron escritos?
- No son representativos de mi vida, en aquellos años, debido a que más bien son su contraposición: un intento de evadirme y redimirme de ella...
- Sé que usted no ha callado. En medio de su involuntario silencio, debe haber escrito otras páginas.
- No tengo páginas inéditas. Lo poco que obligado por circunstancias escribí después de los libros, está todo publicado.
“Ocurre que imaginado un poema, lo considero ya hecho y viviente; intensamente viviente, sin los estratos de lo escrito, que lo inmoviliza...”(29)


VI- CONCLUSIÓN

El ‘silencio’ de Enrique Banchs, como fuimos esbozando en cada apartado, significa este ensimismamiento, una misión cuyo objetivo era recuperar lo primigenio: la literatura infantil entendida como camino (y escape) hacia el inicio del lenguaje (Virgilio, Horacio, Homero), hacia el lenguaje puro (el silencio).

Su problema, ampliando lo dicho, juega con lo metafísico, reclamando la restitución y reformulación del tiempo: un tiempo transparente; así se produce un enfrentamiento entre la esperanza y el pesimismo (que finalmente vence concretándose en el lenguaje: el poema).


VII- NOTAS
1- Banchs, Enrique: Cuentos para sonreír y pensar y Para contar al hermanito, Compilación, introducción y notas de María de los Ángeles Serrano, Ed. Guadalupe, Bs. As., 1992
2- Martinez, David: Enrique Banchs: poeta del sentimiento humano, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1973
3- Borges, Jorge Luis: Obras completas IV, “Ensayos”, “Enrique Banchs ha cumplido este año sus bodas de plata con el silencio”, Ed. Emecé, Barcelona, 1996
4- Borges, Jorge Luis: Poesía Completa y Los conjurados, Ed. Emecé, Barcelona, 1989
5- idem 2
6- Banchs, Enrique: Poesía completa, Academia Argentina de Letras, Bs. As., 1981 (la cita de Carriego corresponde al Prólogo escrito por Roberto F. Giusti)
7- idem 6
8- idem 2
9- idem 2
10- idem 2
11- idem 2
12- idem 2
13- idem 6 (el poema corresponde a La urna, titulado “Entra la aurora en el jardín; despierta”)
14- idem 13
15- idem 6 (la cita de Mazzei se encuentra en el Prólogo citado)
16- idem 2
17- idem 2
18- idem 1
19- Banchs, Enrique: Prosas, Academia Argentina de Letras, Bs. As., 1983
20- idem 6
21- idem 6 (el poema pertenece a la sección “Poesías no reunidas en libros (1907 - 1955)
22- idem 1
23- idem 2
24- idem 6
25- idem 2
26- idem 1 (la cita corresponde a Enrique Banchs)
27- idem 1
28- idem 1

29- de Vedia, Leonidas: Enrique Banchs, Ediciones Culturales Argentinas, Ministerio de Educación y Justicia, Bs. As. 1964.

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