3. Comentario de texto:
Lautaro contra el centauro (1554)
Atacó entonces Lautaro de ola en ola.
Disciplinó las sombras araucanas:
antes entró el cuchillo castellano
en pleno pecho de la masa roja.
Hoy estuvo sembrada la guerrilla 5
bajo todas las alas forestales,
de piedra en piedra y vado en vado,
mirando desde los copihues,
acechando bajo las rocas.
Valdivia quiso regresar.
Fue tarde. 10
Llegó Lautaro en traje de relámpago.
Siguió el conquistador acongojado.
Se abrió paso en las húmedas marañas
del crepúsculo austral.
Llegó Lautaro,
en un galope negro de caballos. 15
La fatiga y la muerte conducían
la tropa de Valdivia en el follaje.
Se acercaban las lanzas de Lautaro.
Entre los muertos y las hojas iba
como en un túnel Pedro de Valdivia. 20
En las tinieblas llegaba Lautaro.
Pensó en Extremadura pedregosa,
en el dorado aceite, en la cocina,
en el jazmín dejado en ultramar.
Reconoció el aullido de Lautaro. 25
Las ovejas, las duras alquerias,
los muros blancos, la tarde extremeña.
Sobrevino la noche de Lautaro.
Sus capitanes tambaleaban ebrios
de sangre, noche y lluvia hacia el regreso. 30
Palpitaban las flechas de Lautaro.
De tumbo en tumbo la capitanía
iba retrocediendo desangrada.
Ya se tocaba el pecho de Lautaro.
Valdivia vio venir la luz, la aurora, 35
tal vez la vida, el mar.
Era Lautaro.
El poema que vamos a analizar pertenece al libro Canto general, de Pablo Neruda, publicado en 1950. Su autor consideró que ésta era la obra más importante de toda su trayectoria. La crítica afirma que el libro representa un hito en la literatura hispanoamericana, por el carácter monumental de su contenido. En tal sentido, según señala Enrico Mario Santí: “Se trata más bien de una enciclopedia que reúne múltiples temas, géneros y técnicas. La unidad de esa enciclopedia es el tema de América” .
Los poemas que lo integran configuran una secuencia histórica desde la prehistoria de la conquista hasta la realidad política presente en la que vive el poeta (1400 y 1949 son los años señalados por el primer y el último poema), aunque con una unidad mayor en las cinco primeras secciones; luego, los poemas siguientes varían en sus temas, aunque se mantienen en el tratamiento de contenidos políticos.
En particular, son las cinco primeras secciones las que en la actualidad perviven frente al paso del tiempo, fundamentalmente porque la ideología totalizadora que sostiene Neruda, el marxismo, y que impregna la obra, en estas primeras secciones se diluye en la profundidad dramática de los motivos que abordan los poemas que las integran: el distanciamiento del autor de su presente histórico le permite acercarse al objeto artístico sin la mediación de ideas ajenas a la poesía.
Como señala Santí, “no es la historia, por tanto, lo que concede unidad a todo el libro sino la crónica” . La crónica es la presentación marginal de los hechos, desde una perspectiva subjetiva y abierta, no oficial, a través de la cual el autor puede situarse en la visión de los oprimidos. Esta perspectiva se constata en los primeros versos del libro: “Antes de la peluca y la casaca / fueron los ríos, ríos arteriales [...] / El hombre tierra fue, vasija, párpado / del barro trémulo, forma de la arcilla, / fue cántaro caribe, piedra chibcha, / copa imperial o sílice araucana” . El texto nos remite a las escrituras sagradas de los pueblos; no sólo la Biblia, sino el Popol Vuh o los libros sacros de los pueblos de Oriente. La presentación, desde el signo de los mitos esenciales (de una “Edad de Oro”), de un orden primigenio en el que el hombre autóctono vive en armonía, se quiebra con la aparición figura del conquistador.
Asimismo, y volviendo sobre lo dicho anteriormente respecto de la influencia que ejerce el pensamiento marxista sobre la escritura de la obra, cabe decir que uno de sus ejes constructivos se encuentra en la dicotomía “opresor / oprimido”. En efecto, la estructura sobre la que la obra se articula es de fondo dialéctico: en este enfrentamiento, que para el marxismo constituye el “mecanismo” de los procesos históricos, el discurso encuentra su fundamento.
Ahora bien, entrando en el análisis del poema, debemos destacar que el mismo pertenece a la sección IV, llamada “Los Libertadores”. Recordemos que las unidades anteriores las denomina: “La lámpara en la tierra”, que funciona a modo del Génesis bíblico; “Alturas de Macchu Picchu”, una exaltación de la grandeza de América; “Los conquistadores”, en la que ingresamos en el horror de la conquista; y la sección quinta, “La arena traicionada”, donde nos acercamos a las dictaduras presentes.
Por otra parte, el poema “Lautaro contra el centauro” tiene varios antecedentes: “Valdivia (1544)” (que forma parte de la sección tercera), “Lautaro (1550)”, “Educación del cacique”, “Lautaro entre los invasores”; y un consecuente: “El corazón de Pedro de Valdivia”. Si bien el poema que vamos a analizar no se articula en una unidad con los otros, podemos afirmar que en el conjunto asistimos a la representación poética de un hecho trascendente (y de índole casi mítica) de la historia de Chile.
En el primero de ellos se presenta a Pedro de Valdivia, conquistador español y fundador de Santiago de Chile (“Valdivia, el capitán intruso, / cortó mi tierra con la espada / entre ladrones [...] y con su guante ensangrentado / marcó las piedras de la patria, / dejándola llena de muertos, / y soledad y cicatrices.”(p. 173 – 174).
El segundo poema, brevísimo (“La sangre toca un corredor de cuarzo. / Así nace Lautaro de la tierra. / La piedra crece donde cae la gota.”(p. 198)), presenta al joven guerrero araucano. Como indica Santí: “El cronista sitúa el poema en el año 1550 [...] en que comienza la sublevación araucana” . Este dato resultará fundamental para nuestro análisis, puesto que en “Lautaro contra el centauro” el lector asistirá al enfrentamiento entre el cacique y el conquistador.
En “Educación del cacique” el poeta muestra la transformación del hombre en héroe: para ello, participa en todos los espacios humanos, viviendo todas las vidas, para concluir: “Sólo entonces fue digno de su pueblo” (p. 200). Este héroe construido por Neruda se caracteriza no sólo por ser un guerrero, sino por integrar en sí mismo todas los componentes de la identidad aborigen, en la que se conjugan el hombre y la naturaleza.
Pero la culminación de este proceso la alcanza al compartir su vida con su enemigo. De esto trata “Lautaro entre los invasores”; el poema dice: “Entró en la casa de Valdivia. [...] / Veló a los pies de Valdivia. [...] / Fue testigo de las batallas, / mientras entraba paso a paso / al fuego de la Araucanía”. En tal sentido, Santí señala:
Este gran patriota de la araucanía fue un joven surgido de la masa primitiva que viendo la tragedia de su pueblo entró al servicio de los españoles: se hizo caballerango del conquistador Valdivia sólo para estudiar la táctica guerrera del enemigo; pudo muchas veces haber matado al capitán extranjero, pero llegado el instante oportuno, lo abandonó, regresó a su gente y fue elegido Toqui. Entonces dirigió la guerra contra los invasores, empleando no sólo su misma táctica, sino otra de su invención que era la marcha hacia la retaguardia, presentando batalla por dos lados de la columna central. Alló, el 25 de diciembre de 1553, Lautaro, en la memorable batalla de Tucapel, exterminó al ejército español, haciendo prisionero a Valdivia y a sus capitanes, que fueron ejecutados
Finalmente, el poema siguiente al objeto de nuestro análisis enseñará los últimos instantes de la vida del conquistador: la celebración de la victoria y la ejecución de Valdivia.
Volviendo ahora a nuestro poema, podemos ubicar a “Lautaro contra el centauro” dentro de esta crónica, en el momento en que se produce el enfrentamiento entre Lautaro y Pedro de Valdivia. El lector ha conocido el nacimiento del hombre, su educación y su transformación en héroe. La síntesis que ofrece la secuencia de poemas le permite al lector acceder a la esencia del conflicto humano (y político) que encierra esta sección: si en la tercera parte (“Los conquistadores”) el poeta presenta a Pedro de Valdivia, en la cuarta (“Los libertadores”) el conquistador muere. Aquí podemos explicar el título de la obra: este enfrentamiento entre conquistadores y libertadores se condensa en el nombre del poema: “Lautaro contra el centauro”.
Desde el punto de vista de la estructura, inicialmente podemos señalar dos aspectos: si bien ésta parece responder a un esquema cerrado debido a la presencia de dos cláusulas que remiten al mar (en el verso 1, “de ola en ola”, y en el verso 39, “el mar”) y la mención de la palabra “pecho” en los versos 4 y 37, que “encerrarían” el contenido del poema, la presencia del adverbio “entonces” en el primer verso genera la idea de que el poema comienza como un relato “in medias res”. Esto último puede ser aceptado si consideramos lo dicho hasta aquí respecto de la integración del poema en una secuencia con otras poesías que tratan del mismo asunto.
El poema está compuesto sobre versos endecasílabos, salvo el primer verso, de doce sílabas, y los versos 8 y 9, de nueve sílabas cada uno, en tanto que los versos 10 y 11, 15 y 16, y 39 y 40 resultan también de once sílabas si se los une como se muestra en su disposición gráfica.
Por otra parte, en la edición del libro que manejamos, el poema es publicado con una conformación estrófica distinta de la que se presenta al inicio de este trabajo: hasta el verso 16 el poema está compuesto por una única estrofa, manteniendo luego la misma estructura. Si tenemos en cuenta esta última configuración, resulta destacable que la primera estrofa del poema tiene una extensión notoriamente mayor que las que le siguen. Esta asimetría se articula, asimismo, con la extensión de las oraciones: la segunda oración está compuesta por tres versos, mientras que la tercera por cinco, en tanto que, salvo la decimocuarta oración integrada por tres versos, el resto ocupará uno o dos versos. Esta brevedad de los periodos oracionales es un elemento fundamental para la construcción del ritmo del poema, que mantiene una regularidad en los siguientes esquemas acentuales: 2ª, 4ª, 7ª y 10ª; (1ª), 3ª, 6ª y 10ª; 4ª, 7ª y 10ª sílabas. En el caso de los versos encadenados que antes mencionábamos, éstos poseen un esquema acentual más complejo, sobre todo en el caso de los versos 10 y 11, y 39 y 40.
Por otra parte, un elemento estructurante del ritmo viene dado por la repetición a lo largo del poema de los nombres de Valdivia y de Lautaro. Este último adquiere una resonancia mayor, puesto que en varias ocasiones aparece al final del verso y cerrando la oración, a modo de epífora.
Esta estructura asimétrica tanto estrófica como sintácticamente resulta necesaria para la delineación del tema del poema, que como dijimos anteriormente, es el enfrentamiento entre Lautaro y Pedro Valdivia: si nos mantenemos sobre el concepto de “crónica” antes mencionado, el poema describirá una tensión ascendente, que coincidirá con el ambiente bélico que Neruda proyecta. Esta tensión in crescendo se manifiesta a través de los periodos oracionales más cortos, que comienzan con el verso “Llegó Lautaro” y que alcanza su climax con el verso “Sobrevino la noche de Lautaro”.
En tal sentido, cabe destacar que a partir del verso 10, las oraciones remiten alternativamente a Lautaro y a Pedro de Valdivia, con lo que cual se acentúa la idea de oposición. En relación con esto, observamos que las oraciones que refieren a Lautaro son más breves que las que lo hacen a Valdivia: Lautaro llega “en traje de relámpago”, en tanto que el conquistador se abre paso “en las húmedas marañas”. De esto podemos inferir que el ritmo está asociado con la idea de rapidez de cada “personaje”: el héroe es veloz, como los versos que lo describen, mientras que su opositor es lento, al igual que los versos que lo presentan: se enmaraña en el paisaje y en la oscuridad.
Otro elemento sintáctico destacable es la forma recurrente en que están construidas las oraciones: en general todas tienen el mismo esquema, que constituyendo un hipérbaton suave, se aproxima notoriamente a esta figura: [SV] [SN] [Sprep,], “Llegó Lautaro, / en un galope negro de caballos”.
Otras estructuras sintácticas recurrentes, y que contribuyen a la construcción del ritmo poético, son las formas prepositivas “de ola en ola”, “de piedra en piedra y vado en vado”, “de tumbo en tumbo”, aunque la más destacable es la que comienza en la preposición “en”, y que se repite a lo largo de todo el poema: “en pleno pecho”, “en traje de relámpago”, “en las húmedas marañas”, “en un galope negro de caballos”, “en el follaje”, “en un túnel”, “en las tinieblas”, “en Extremadura pedregosa, en el dorado aceite, en la cocina, / en el jazmín dejado en ultramar”. Si bien las primeras funcionan como modalizadores de la oración (de lugar y tiempo, que se entremezclan), las últimas cumplen la función de temas del verbo “pensó”.
Por otra parte, notamos que hasta el verso 24, las oraciones de la primera mitad del poema comienzan con un verbo en pretérito perfecto del indicativo si remiten a Lautaro, mientras que si predican sobre Valdivia, se encuentran en pretérito imperfecto, con lo cual la perfectividad o no del verbo connotará una idea conclusiva o durativa de la acción (asociada a la rapidez o lentitud de los “personajes”), que en el primer caso resultará mucho más marcada tanto por la alteración del orden sintáctico como por la insistencia en el tipo de construcciones sintácticas antes descritas. A partir del verso 25 el orden se invierte, y los verbos que remiten a Valdivia son perfectivos: él ya se encuentra acorralado y cercado por la muerte; en tanto que las acciones de Lautaro se vuelven durativas.
Antes hicimos mención de la utilización de los tiempos verbales, ahora constataremos la función que cumplen en el poema. Al analizar la secuencia de verbos que utiliza Neruda en el poema (atacó, disciplinó, entró, estuvo sembrada la guerrilla , mirando, acechando, quiso regresar, fue tarde, llegó, siguió, se abrió paso, llegó, conducían, se acercaban, iba, llegaba, pensó, reconoció, sobrevino, tambaleaban, palpitaban, iba retrocediendo desangrada, se tocaba, vio venir, era Lautaro) encontramos que la mayoría de ellos son de acción, por lo que podemos inferir que esto colabora con la idea de “relato” o “crónica”. En la misma línea podemos considerar la escasa adjetivación del poema, resultando mayormente necesarias las adjetivaciones en “sombras araucanas” y “cuchillo castellano”, puesto que señalan la oposición que se desarrollará luego. Como antes dijimos, el componente descriptivo vendrá dado por las construcciones prepositivas, salvo en el caso de las dos estrofas en las que Valdivia recuerda la tierra que no volverá a ver, en que mediante la utilización del procedimiento de enumeración el ritmo se hace más lento.
En relación con el concepto de “relato” vale señalar la exclusiva utilización de conectores lógicos en los cinco primeros versos: “entonces”, “antes” y “hoy”, y “ya” en el verso 36. Sobre el primero, ya indicamos cuál podía ser su función en relación con la secuencia de poemas en la que se inserta el objeto de nuestro análisis. Respecto de “antes”, nos puede remitir a la prehistoria de la batalla, a la muerte sembrada por los conquistadores desde el inicio de su invasión, y que ahora conspira (la naturaleza entera parece atentar contra Valdivia). Esto se relaciona con el “hoy”: un presente del “relato” que se extiende a todo el libro, el “hoy” es la lucha de siglos que constituye la misma historia, en tanto que “ya” nos señala la inminencia de los acontecimientos.
A partir de esto, podemos establecer una división, arbitraria dada su unidad, del poema: desde el inicio hasta “Fue tarde” podemos identificar una primera sección, a la cual denominaremos “introducción” o “preparativos del enfrentamiento”. Luego, hasta el verso que dice “Palpitaban las flechas de Lautaro” señalamos una segunda sección, que podemos dividir en dos tópicos: “camino hacia la muerte de Valdivia, mientras Lautaro acecha”, y “reconocimiento de la emboscada y saberse muerto”. Posteriormente, “el ataque de Lautaro y la caída de Valdivia”.
Sobre estos tópicos, podemos (re)construir el relato que Neruda nos presenta del enfrentamiento entre Lautaro y Valdivia. El tratamiento del “personaje” de Lautaro es el propio de un héroe: disciplina “las sombras”, domina la naturaleza, llega “en traje de relámpago”, y “en un galope negro de caballo”. Como vemos, al referirse a él, Neruda utiliza metáforas, mediante las cuales establece una asociación entre el “personaje” y una naturaleza sin tiempo. Respecto de Valdivia, las referencias a él las hace en tanto ser humano, mortal: es el “conquistador acongojado” al que la naturaleza le resulta un obstáculo, y que recuerda su tierra lejana como un lugar de protección. Para referirse a él, Neruda recurre a la descripción del lugar por el que transita y los sentimientos que le inspiran.
Del mismo modo, para la presentación de los ejércitos de cada uno de ellos, para los hombres de Lautaro (“la guerrilla”) recurre a la sinécdoque y a la metonimia (“sombras araucanas”, “masa roja”, “las lanzas de Lautaro”, “las flechas de Lautaro”), puesto que son “sombras”, en tanto que para los de Valdivia (“la tropa”) utiliza una descripción directa, ya que son hombres (“sus capitanes”, “la capitanía”).
Llegando al final del poema, Valdivia alcanza una especie de conocimiento místico: si ha atravesado “el follaje” conducido por “la fatiga y la muerte”, ve ahora “venir la luz, la aurora, / tal vez la vida, el mar”; quizás el conquistador perciba entonces el final del “túnel” por el que camina, pero ese túnel lo conduce a Lautaro, que es la muerte misma. La plena contradicción que encontramos en este punto lleva hasta el último extremo el conflicto planteado.
Con todo lo dicho hasta aquí, podemos volver sobre lo afirmado en el comienzo de nuestro análisis: Neruda pretende mostrar un enfrentamiento entre dos legalidades, las cuales tienden a su anulación recíproca. Si en la “prehistoria” del poema Lautaro y Valdivia pueden aparecer juntos, y convivir, aquí no: la oposición es absoluta, tanto por el enfrentamiento bélico en el que se encuentran, como en la naturaleza de ambos “personajes”: el indio representa el mito, que en América es la propia naturaleza; el invasor, el hombre, que percibe, piensa y recuerda, y finalmente se encuentra con la muerte.
Por lo tanto, cabe afirmar que Lautaro representa, desde la perspectiva del materialismo histórico, al héroe revolucionario, que conjuga en su persona todas las características de los oprimidos. Él encarna la revolución, que es el motor de la historia, puesto que conlleva la transformación de las estructuras sociales (económicas): la muerte del opresor es la instauración de un nuevo orden.
En tal sentido, vemos cómo el enfrentamiento de Lautaro con Valdivia se traduce en una “dilatada guerra”, como se denomina el poema siguiente al último de la serie mencionada. En éste, Neruda dice: “Tres siglos estuvo luchando / la raza guerrera del roble“ . La guerra que lidera Lautaro es una guerra que se extiende hasta el presente en el que se escribe la obra: el poema, por tanto, tiene un anclaje en la realidad política y social del Chile (y la América) de Neruda.
Para concluir, consideramos oportuno hacer un resumen de lo dicho: por un lado, nos encontramos con que el poema se integra en una doble serie, la del propio Canto general, que representa una “crónica” de la historia de América y Chile, y la serie de poemas que constituyen el “relato” de la historia del cacique Lautaro y el conquistador Valdivia. Si el libro en general encuentra su fundamento en una lectura de la historia hecha desde el marxismo, el poema reflejará el conflicto entre dos legalidades que se enfrentan y anulan recíprocamente. Asimismo, la perspectiva dialéctica del materialismo histórico conlleva una lectura de la historia como “relato”, dentro del cual se produce el enfrentamiento, enfrentamiento del que depende la historia para su evolución. Esta oposición la detectamos en los distintos niveles de composición del poema: en la estructura, en el ritmo, en los tiempos verbales, en el significado de sus unidades constituyentes, y en la utilización de figuras para la identificación de los “personajes”. De este enfrentamiento particular llegamos a la idea de que la guerra de Lautaro es la misma “guerra” en la que se sitúa Neruda: la historia ha avanzado, pero el conflicto sigue siendo el mismo.
No obstante, hay un elemento ausente en el “relato” o la “crónica”: es la síntesis que se deriva de este proceso dialéctico. Podemos intuir que esa síntesis se encuentra en el deseo de Neruda de una América distinta de la que él conoció.