martes, 24 de julio de 2012

La generación de las conexiones múltiples

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El país  |  Lunes, 23 de julio de 2012
Una encuesta sobre los usos de la tecnología en adolescentes

La generación de las conexiones múltiples

Un sondeo del Ministerio de Educación muestra los consumos culturales y la relación con las nuevas tecnologías de los chicos de entre 11 y 17 años. Para qué usan el celular, qué valoran en Internet. El lugar de la tele. La "pluriatención" a los medios electrónicos.

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Por Mariana Carbajal

Siete de cada diez chicos y chicas de 11 a 17 años en la Argentina tienen computadora en su casa y forman parte de una red social. Lo que más valoran de acceder a Internet es la posibilidad de comunicarse con sus amigos, mucho más que la oportunidad de conocer gente nueva y ampliar sus relaciones. Casi siete de cada diez poseen teléfono móvil y lo usan principalmente para enviar y recibir mensajes, en segundo lugar para escuchar música y, en tercer lugar, para comunicarse con sus padres. En promedio, pasan tres horas por día –de lunes a viernes– mirando la tele, una cantidad de horas que se mantiene desde hace un par de décadas. Pero los consumos de las distintas pantallas se superponen. Los chicos y chicas ven hoy TV haciendo la tarea de la escuela (32 por ciento), o bien usan el celular (23 por ciento), la computadora (18 por ciento) o escuchan música (12 por ciento) y, en muchos casos, hacen todo esto a la vez. "Estas prácticas muestran como rasgo distintivo la multiplicación de las pantallas en la vida cotidiana de los chicos", destacó el ministro de Educación, Alberto Sileoni (ver aparte). Del estudio surge claramente que la televisión es un medio que utilizan para entretenerse antes que para informarse o interesarse por los temas periodísticos. La mayoría (59 por ciento) piensa que en cinco años va a estar mejor –las mujeres son un poco más optimistas que los varones– y el 54 por ciento dice que le gustaría votar.

Los datos forman parte de los resultados de una amplia encuesta realizada por la consultora Knack en las principales ciudades del país para el Ministerio de Educación de la Nación –con el apoyo de Telecom– para conocer los consumos y prácticas culturales, valores, usos de tecnologías y la relación entre los adolescentes y sus familias en relación con las TICs, y sus expectativas, entre otras temáticas.

Página/12 accedió en forma exclusiva a un adelanto de los resultados, que se darán a conocer en su totalidad próximamente. "Esta encuesta lo que nos muestra claramente es una práctica de consumo que se observa en los últimos años y que es importante para la escuela: la superposición de medios en el ámbito hogareño", destacó el sociólogo, investigador del Conicet y profesor de la UBA Luis Alberto Quevedo, en diálogo con este diario, al analizar los datos. El estudio confirma que hoy los jóvenes están muy atravesados por la cultura audiovisual y por los consumos ligados a las nuevas tecnologías. El relevamiento se hizo en 2011 y abarcó una muestra representativa de 1202 entrevistados (51 por ciento varones y 49 por ciento mujeres; 99 por ciento van a la escuela). El 20 por ciento vive en la ciudad de Buenos Aires, 21 en el Gran Buenos Aires y 58 por ciento en el resto del país.

Uno de los equipamientos culturales que hoy sigue mostrando gran disparidad entre los sectores de mayores ingresos comparados con los de más bajos ingresos es la computadora hogareña. Si bien el 70 por ciento de los entrevistados dice tener al menos una computadora en su casa, cuando se mira esa cifra según el nivel socio-económico (NSE) se puede ver que en los sectores altos llega al 96 por ciento de posesión, mientras que en los más bajos apenas un 25 por ciento tiene computadoras en el hogar. "Lo mismo podemos decir cuando vemos el dato sobre la conectividad de la escuela a la que accede cada chico: en términos globales, cuando se les pregunta a los adolescentes si su escuela tiene conexión a Internet, el 57 por ciento dice que sí, pero si lo miramos por NSE, entre los más pobres sólo el 32 por ciento responde que tiene conexión. Esto no significa que los chicos más pobres no tengan contacto con Internet –lo que supone, entre otras cosas, estar incluidos en las redes sociales y los vínculos digitales que hoy mantienen los jóvenes–, ya que los locutorios o cibercafés siguen siendo importantes. Pero debemos pensar que esta encuesta se realizó justamente en el momento del lanzamiento del programa Conectar Igualdad (que se ha complementado con muchos programas provinciales) y que esos programas justamente apuntan a equipar a los jóvenes y docentes de las escuelas públicas bajo un criterio de equidad en el acceso", señaló Quevedo. Para esos jóvenes, "acceder a una netbook personal y de uso también hogareño no sólo implica un impacto individual, sino que también es muy significativo lo que implica el ingreso de la máquina al hogar", agregó el experto.

En relación con el celular, el 66 por ciento manifestó tener un aparato. El acceso a un teléfono móvil crece con la edad: entre los chicos y chicas de 11 a 12 años, tiene celular el 49 por ciento entre los de 13 y 14 años, el 67 por ciento, y entre los de 15 y 17 años, el 85 por ciento. Lo usan principalmente para enviar y recibir mensajes (70 por ciento), para escuchar música (50 por ciento), para comunicarse con sus padres (llamarlos o que los llamen), 49 por ciento; que puedan llamarlos o para hablar con sus amigos y arreglar salidas (41 por ciento).

–¿Aparece en la encuesta alguna diferencia significativa por sexo o lugar de residencia? –le preguntó Página/12 a Quevedo.

–Resulta difícil trazar una especie de "jovenpromedio" en materia de consumos culturales: las desigualdades según nivel socioeconómico son muy significativas y también el lugar de residencia marca distancias entre cada grupo social. Por ejemplo, la encuesta confirma que hoy los jóvenes están muy atravesados por la cultura audiovisual y por los consumos ligados a las nuevas tecnologías. Pero hay grandes diferencias en materia de acceso a los equipamientos, a la conectividad, a la capacidad de los jóvenes de renovar sus aparatos, etc.

–El promedio de horas que miran televisión los y las adolescentes es el mismo hace algunas décadas. ¿Qué cambió en relación con la forma de ver la pantalla chica?

–Desde la década de los ochenta se hacen encuestas sobre exposición a la TV como consumo cultural y ya en aquella época se registraban consumos similares: en 1989 se consumían 3 horas y media en promedio por día. Diría que hoy el espesor de consumos es muy diferente que aquello que teníamos en los años '80 o '90 y que la superposición de medios es una práctica habitual, especialmente entre los jóvenes. Todas estas prácticas moldean a los chicos en una pluriatención, que es un dato clave de la cultura del siglo XXI –respondió Quevedo.

La encuesta muestra la superposición de medios en el ámbito hogareño: los chicos ven hoy TV haciendo la tarea de la escuela (32 por ciento), o bien usan el celular (23 por ciento), usan la computadora (18 por ciento) o escuchan música (12 por ciento) y, en muchos casos, todo esto a la vez.

–¿Cómo analiza el tipo de programas de televisión que eligen y los que prefieren en menor medida, como noticieros y periodísticos?

–Me parece esperable la respuesta de los varones diciendo que prefieren los programas deportivos en la tele (21 por ciento contra el 1 por ciento de las chicas), al igual que es esperable que las mujeres prefieran las novelas (26 por ciento contra el 3 por ciento de los varones). Lo más interesante es que, en términos globales, la principal preferencia de todos los entrevistados sean las películas (24 por ciento) cuando se les pregunta de manera espontánea por sus tres principales gustos. Pero cuando se les permite señalar todas sus preferencias sin límites, el 62 por ciento de los chicos dice que ve películas, seguido de dibujos animados, novelas, series, canales de música, etc. Es decir, largamente la televisión es un medio utilizado para el entretenimiento antes que para informarse o interesarse por los temas periodísticos. Sin embargo, esos mismos jóvenes dicen que es a la televisión (43 por ciento) a la que más le creen en materia informativa (contra un 18 por ciento de los diarios u 11 por ciento a Internet). Esto nos permite suponer que lo que están diciendo los jóvenes es que si bien no ven televisión para informarse, seguramente cuando quieren informarse recurren a la televisión.

Resulta llamativo que la amplia mayoría vea TV con sus padres.

–La encuesta revela que la mayoría de los jóvenes entrevistados dicen ver televisión con sus padres o con sus hermanos (en ambos casos, el 65 por ciento), lo que revela varias cosas: por un lado, que en la población general el televisor sigue siendo un consumo que está anclado en la vida familiar; que los padres siguen teniendo un control relativamente importante sobre este consumo (mucho más que sobre Internet, por ejemplo) y que la posesión de un televisor para cada uno de los integrantes de la familia sigue siendo exclusiva de algunos sectores (ya sea por poder adquisitivo como por decisión de los padres).

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miércoles, 18 de julio de 2012

Los niños hoy podrán confeccionar títeres en Majadahonda

Published on Telemadrid (http://www.telemadrid.es)

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Los niños hoy podrán confeccionar títeres en Majadahonda

By tm10
Created 16.07.2012
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Los niños hoy podrán confeccionar títeres en Majadahonda

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Vie, 1012-07-16 08:58
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La Escuela de Familia que la Comunidad de Madrid tiene en el Centro de Apoyo a la Familia en Majadahonda (Av. Guadarrama, 34), se realizará el 17 y 19 de julio un taller para que los más pequeños, junto a sus padres y madres, confeccionen títeres, ha informado el Gobierno regional.

Este taller pretende, a través de diversas dinámicas y actividades, enseñar a confeccionar títeres, dando prioridad a aspectos lúdicos y creativos del proceso. El objetivo es utilizar los títeres en el contexto del hogar como actividad en familia, donde el juego y el modelaje son parte del aprendizaje.

Para los más pequeños, esta actividad fomenta el desarrollo de la atención y concentración, la capacidad de comprensión, la imaginación, comunicación y participación con sus padres y madres en un entorno lúdico.

Para participar es necesario contactar con la Escuela de Familia de la Comunidad de Madrid en Majadahonda, ya que las plazas son limitadas. Además es necesario llevar materiales para la confección de los títeres: un calcetín o cuchara de cocina de madera, retales de tela y/o papel pinocho, pelotas de ping-pong, tapas plásticas blancas de botellas o pinturas para pintar la cara al títere, ovillos de lana, pegamento de tela, un muñeco de peluche.

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sábado, 14 de julio de 2012

No tiene empacho en curar el empacho

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Sociedad  |  Lunes, 14 de mayo de 2012
Un médico mexicano presentó su libro para curar el empacho según rituales y curanderías

No tiene empacho en curar el empacho

Roberto Campos Navarro es un médico mexicano especializado en antropología y estuvo en Buenos Aires para presentar su libro De cómo curar el empacho (y otras yerbas). Sostiene que el saber médico aplasta la medicina popular, que es efectiva.

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Campos Navarro defiende el saber de las madronas, curanderas, chamanes, yuyeros y demás.
Por Belén Poquet y Alejandra Rosés
No es común encontrarse con médicos especializados en antropología y mucho más extraño es cruzarse con un médico que estudia las prácticas curanderiles sin condenar a los curadores, parteras tradicionales y remedios caseros. El médico mexicano Roberto Campos Navarro se encuentra en Argentina presentando su último libro sobre el empacho y otras enfermedades que no suelen ser reconocidas por la medicina académica. Desde su visión, la formación médica tiene "un contenido abrumadoramente biologicista" que minimiza e incluso invisibiliza y desprecia los aspectos psicológicos, sociales y culturales. Sin embargo, Campos Navarro considera que, en un continente pluricultural como América, los distintos modelos médicos presentes deben ser complementarios.


–¿Por qué considera que las enfermedades y curaciones populares o tradicionales son silenciadas?

–La actual biomedicina se establece en los países europeos metropolitanos y está emparentada con la revolución industrial, el acelerado proceso de urbanización y la creciente tecnologización. La formación médica tiene un contenido abrumadoramente biologicista, donde los aspectos psicológicos, sociales y culturales son minimizados e incluso despreciados e invisibilizados. Se tiende a una práctica urbana y hospitalaria. Si consideramos que la salud requiere un equilibrio entre lo corporal, lo mental y lo espiritual, es evidente que se requiere una formación profesional diferente, humanista, donde las variables psicosociales y antropológicas deben ser incluidas con toda su fuerza. Este modelo se convirtió en dominante y logró legitimidad en términos ideológicos y jurídicos. Todo esto implicó la desvalorización de otras prácticas ejercidas por las mamás y los curanderos, que pasarían a la subalternidad. Es tiempo de reconocer los alcances y limitaciones de cada modelo médico, pues ninguno de ellos, ni siquiera la biomedicina, es totalmente eficaz. Se trata de que la actuación médica se establezca dentro de los límites de la ética profesional con una orientación intercultural,


–¿Qué prácticas tradicionales o indígenas están presentes en Latinoamérica?

–En la medicina indígena nos encontramos con una infinidad de especialistas y expertos, parteras, curanderos, yerberos, sobadores y masajistas, entre otros. De inmediato también surgen las plantas medicinales como los elementos más relevantes de la terapéutica indígena. También se pueden incluir los tratamientos rituales, las "limpias", el empleo de los baños de vapor mesoamericano (temazcales), la "medida de la cinta" y "tirar del cuerito" para diagnosticar y curar los empachos. Si estas prácticas curativas no tuvieran eficacia, ya habrían desaparecido. En algunos casos podemos reconocer a qué se debe esta eficacia, por ejemplo, el paico se utiliza para el control de la parasitosis; en otros casos la eficacia se debe a elementos rituales.


–En Argentina el parto vertical que practican muchas culturas indígenas no es aceptado en los hospitales y esto distancia a las mujeres de esas comunidades del sistema médico. Si esta práctica no implica riesgos, ¿por qué el equipo de salud es tan resistente a aceptarla?

–A los médicos nos han enseñado que los partos resultan más confortables para nosotros cuando la parturienta se encuentra acostada en una mesa elevada, con las piernas separadas y la vulva expuesta en forma directa. La posición en cuclillas requiere que el médico o la obstetra tengan que inclinarse y permanecer en posiciones incómodas. En algunas regiones rurales e indígenas de Bolivia y Perú se ha logrado que los médicos se adecuen a los partos verticales.


–En 2005, se conoció en Argentina el caso de un niño perteneciente al pueblo mbya guaraní al que los médicos consideraban que debía ser intervenido quirúrgicamente, pero su comunidad no lo aprobaba. ¿Qué vías posibles existen ante este tipo de conflictos?

–No se trata de hacer decisiones unilaterales, autoritarias o hegemónicas, sino de establecer diálogos transaccionales, de tal manera que exista un consenso en las acciones a realizar. En estos casos la existencia de mediadores o facilitadores interculturales podría ayudar a tomar la mejor opción para el enfermo y sus familiares, además de buscar el consenso comunitario. Se trata de que la actuación médica se establezca dentro de los límites de la ética profesional con una orientación intercultural.


–¿Qué es la interculturalidad en salud?

–De nada sirve que los trabajadores de la salud se perciban como "buenos" y "resolutivos" si existe un correlato negativo en las percepciones de los enfermos y sus familiares. La interculturalidad implica la valoración y reconocimiento de otras prácticas curativas y sus especialistas. Lograr un adecuado acercamiento significa que ambas partes se sientan y se perciban con un grado aceptable de satisfacción en la relación intercultural. En Argentina hay avances en este sentido. En Aluminé, Neuquén, se está construyendo un centro de salud intercultural y en los últimos años se han realizado encuentros de médicos y curanderos en el noroeste. En esta visita, estamos organizando jornadas de salud intercultural junto con el Ministerio de Salud y las universidades nacionales de Salta y Jujuy.


–¿Dónde nace su interés por la antropología médica?

–Se inició con el "descubrimiento" de los saberes y las prácticas curativas de las madres de familia asistentes a los servicios de salud hospitalarios, donde reconocí la relevancia de las estrategias populares ante la enfermedad. Ello significó la aceptación de otros saberes, provenientes de la medicina casera o doméstica, y otras prácticas distintas de las mías.


–¿Como surgió la idea de su nuevo libro De cómo curar el Empacho (y otras yerbas)?

–La idea surge al descubrir, en México, que existía información sobre la enfermedad de empacho desde el primer manuscrito médico, producido en 1552. Al estudiar el caso argentino me encuentro con que el empacho es la enfermedad de origen popular más extendida en el país y que existe un tratamiento ritual que lo diferencia de todo el resto del continente, también compartido con los cubanos. Ello dio origen a un primer libro. En este segundo volumen aparecen los tratamientos botánicos, los textos generados por los antropólogos y folkloristas, los testimonios de los propios curadores y enfermos y finalmente coplas referidas a las curaciones populares con yuyos. Para este libro no sólo realizamos un diálogo con escritores del pasado que trataron el tema y los vinculamos con los escritores del presente. Lo más interesante fue recuperar y rescatar la memoria colectiva de tipo oral de abuelas y curadores populares trasladando sus saberes y prácticas ancestrales al ámbito de la palabra escrita.


–Los textos que aparecen en el libro se remontan hasta el siglo XVI. ¿Por qué estas prácticas son reivindicadas en la historia, pero no así en la actualidad?

–Esas prácticas son conservadas por la sabiduría popular, que las mantiene dentro del circuito de la autoatención y de la medicina doméstica. Su ejercicio es marginal y silencioso por la persistente negación de la medicina académica, que en el mejor de los casos le da al empacho otras denominaciones equivalentes, como gastroenteritis, enterocolitis y otras, pero para la gente empacho será simplemente empacho.
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